Conseguir un sistema de transporte comercial sin combustibles fósiles en 2050, es el objetivo establecido por el Acuerdo de París y según algunos especialistas no sólo es posible, sino que económica y socialmente es atractivo.

Según datos de la OMI, el tráfico marítimo ocasiona el 15% de las emisiones globales de origen antropogénico de NOx y el 13% de las de SOx. Aunque la OMI ha establecido, a partir del 1 de enero de 2020, un nuevo límite máximo de 5.000 ppm en el contenido de azufre para los combustibles de barcos, incluso así este tope seguirá siendo 500 veces superior que el permitido para el diésel en carretera.

En comparación con las emisiones que tienen su origen en tierra, las emisiones de los buques son elevadas, dado que al sector naviero no se le exige utilizar combustibles más limpios ni utilizar técnicas de tratamiento posterior de los gases de escape como obliga la normativa en tierra desde hace décadas en sectores como el del automóvil y otras industrias.

En la actualidad, a los barcos se les permite contaminar el aire 3.500 veces (la media está en 2.500 ppm) más que a los vehículos de trasporte terrestre ya que el límite máximo de contenido de azufre en los combustibles de este tipo de transporte (establecido por la Organización Marítima Internacional (OMI)) es de 35.000 ppm, frente a los 10 ppm permitidos para el transporte por carretera en la UE.

Es decir, un solo carguero es capaz de emitir casi la misma cantidad de contaminantes tóxicos que 50 millones de coches, ya que los grandes barcos de transporte utilizan para su propulsión combustibles fósiles muy sucios, mayoritariamente fuelóleo pesado, un producto que contiene altas cantidades de azufre, cenizas, metales pesados y otros residuos tóxicos que provocan que en su combustión, además de CO2, emitan elevados niveles de óxidos de azufre, de nitrógeno y material particulado, contaminantes todos ellos altamente peligrosos para la salud humana.

La contaminación producida por este sector del transporte al suceder en gran medida en alta mar, pasa más desapercibida, pero para las ciudades portuarias y las zonas costeras, el tráfico marítimo es una importante fuente de contaminación y por tanto una amenaza para la salud pública y el medioambiente. Pese a su creciente participación en la economía, la industria del transporte marítimo está significativamente por detrás de otros sectores en lo que a esfuerzos por la reducción de la contaminación se refiere.

Por fortuna, son muchas las opciones disponibles a nivel tecnológico y operativo (cambios de combustible, mejoras tecnológicas en los motores,…) que se pueden aplicar, pero la experiencia demuestra que sólo la aprobación y la estricta aplicación de normas legales, conseguirá cambiar esta tendencia.