Se acerca la tan temida fecha del 1 de noviembre y nadie sabe a ciencia cierta qué va a pasar, entre otras cosas porque el acuerdo de última hora ayer jueves entre Bruselas y Londres fue un soplo de aire fresco, pero ahora queda pendiente que sea ratificado en Londres y Johnson no tiene garantizados los apoyos, por lo que de no lograrlos en Westminster, la aplicación de un Brexit duro se acerca cada vez más a la realidad.

De confirmarse esta escisión de manera brusca, empresas de sectores como el textil, la automoción, la construcción o el agroalimentario, a los que el Gobierno de Boris Johnson tiene previsto imponer aranceles, se van a ver afectadas y de qué manera, al pasar de un régimen de libre circulación de productos y mercancías en el marco de la UE, a un nuevo escenario en el que la entrada de sus productos se va a ver gravada, con el consiguiente perjuicio tanto para los exportadores como para la población local, que tendrá que decidir si asume el impacto de los nuevos precios o cambia su decisión de compra, agravados además por la caída de la libra esterlina.

El sector textil, con buques insignia como las españolas Inditex a la cabeza con más de 100 tiendas repartidas por todo Reino Unido e ingresos que superan los 800 millones de euros, además de Mango, Desigual o Bimba y Lola por poner algunos otros ejemplos destacados, tendrá que empezar a pagar un arancel del 12% por las prendas confeccionadas en España, lo que se traduce en un incremento de precios que vendrá a lastrar la capacidad de compra del consumidor británico, con el consiguiente reflejo en la cuenta de resultados para nuestras empresas.

En el caso de la industria auxiliar de la construcción, empresas como Porcelanosa, Pamesa, Argenta o Baldocer junto a otras muchas empresas azulejeras presentes en Reino Unido, verán como se les aplica un incremento del 5% si como se prevé se aplica un Brexit duro, un porcentaje que se irá al 10% en el caso de la industria automovilística, un duro golpe para España ya que ese mercado supone unas ventas de vehículos, que en el caso de SEAT tienen un valor de 4.000 millones de euros. Todo parece indicar que las piezas que empresas como Gestamp o Antolín fabrican y tienen como destino la importación por parte de las plantas británicas fabricantes de coches, no se verán afectadas por esta medida.

El sector de la alimentación con empresas como Osborne, Herba o tantas otras de todos conocidos, se va a ver igualmente afectado, ya que productos como la carne (sea de cerdo, pollo, ternera o cordero) o el pescado (incluidas determinadas conservas), el arroz, las legumbres, el azúcar o el queso, van a sufrir la aplicación de aranceles (que sumados a los que se van a aplicar en EE.UU obligan a reaccionar a las empresas españolas). De momento y para respiro de los productores hortofrutícolas españoles, frutas y verduras se van a ver liberadas de este problema. Las bodegas, si bien no sufrirán estos aranceles, se verán abocadas a competir en igualdad de condiciones con otros productores externos a la UE, a los que se eliminarán las restricciones actuales, por lo que la guerra está abierta para un sector ya de por sí castigado, sin necesidad de este nuevo escenario.

Son tiempos difíciles y de incertidumbre ya que hasta el último día todo puede pasar, pendientes siempre de las decisiones políticas.