En los últimos tiempos observamos como la zona euro se está viendo azotada por los vaivenes de la economía a nivel internacional, con escenarios en los que la incertidumbre es la nota dominante.

Incertidumbre (ya certidumbre) de la aplicación de aranceles a productos de la UE como represalia por las ayudas concedidas al Consorcio Airbus. Incertidumbre ante un final incierto en la Guerra Comercial entre EE.UU y China, ahora en periodo de stand by. Incertidumbre ante la posibilidad de un Brexit duro, que después de los últimos avances, parece que no lo será tanto, aunque como en los anteriores avances, la decisión depende de un Parlamento, el británico, que ya se ha llevado por delante a dos Primer Ministros del Reino de Isabel II.

El resultado, un importante impacto en la actividad económica comunitaria como resultado del grado de apertura de la zona euro, que se traduce en que casi el 50% del PIB lo representan las exportaciones, frente a la política económica de otras economías más dependientes de su demanda interna y que por tanto se están viendo menos afectadas.

Empresas y familias no han olvidado lo vivido hace ahora 6 años, cuando la incertidumbre se tradujo en duros ajustes y una crisis que aún están pagando y parece que esta vez no las va a coger desprevenidas (o al menos no a todas), ya que los pronósticos que los economistas arrojan sobre nuestra economía han retrasado las decisiones de inversión de muchas empresas y ya se perciben de forma evidente en el consumo de los hogares, que están optando por el ahorro (la tasa de ahorro en los hogares de la eurozona se situaban en el 13,3% a finales del segundo trimestre de este año) como posible paraguas si la situación no mejora.

Entrar en recesión o quedarse a las puertas de ésta dependerá de cómo afronten todas las partes la situación en la que nos encontramos y sean capaces de mitigar todas estas certidumbres e incertidumbres que se están generando a nuestro alrededor.